#Opinión Cabildo de caras y gestos

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Por: Milton Colmenares.  El cabildo de Puerto Vallarta se convirtió, este pasado domingo, en un entretenido ejercicio de ‘caras y gestos’ protagonizado por los regidores faltistas y el alcalde, cada quien defendiendo sus causas y tratando de minimizar sus consecuencias.

Apenas habían tomado lista de asistencia y la regidora de las flores, Edelmira Orizaga, ya estaba justificando su ausencia de la sesión del jueves. Aseguró estar ‘malita’ de salud y por eso no asistió, sin embargo, minutos después aseguró que no había entendido el punto de acuerdo y prefirió no asistir para no regarla.

Esta toma de palabra incentivó a los otros regidores a hacer lo mismo. Homero Maldonado, regidor presidente de la comisión de seguridad, hizo lo propio y trató de justificarse. Luego lo hizo Gilberto Lorenzo y uno a uno, en diferentes momentos de la sesión, estuvieron curando sus heridas.

La jugada les salió mal. Hubo un propósito para sabotear la sesión, muy alejado, por cierto, del punto de acuerdo de la deuda.

Los regidores se reunieron un día antes, minutos después de aplaudirle al alcalde en la entrega de vehículos, para abollar su proyecto político, es decir, pasaron de aplaudirle a intentar golpearlo en cuestión de 30 minutos.

Lo que no esperaban, y cómo iban a hacerlo si son ignorantes de sus funciones, es que la ciudadanía se les iba a ir a la yugular. La estrategia dio un giro de 180°, el alcalde los señaló directamente de boicotear la sesión y ellos, escondidos en algún lugar de Puerto Vallarta, no pudieron defenderse.

Dice un conocido refrán Mexicano ‘lo limpio no necesita jabón’, entonces, ¿por qué insistieron tanto los regidores en limpiar su deteriorada imagen? Quedó claro, el sabotaje no fue por dinero, fue por ignorancia y revancha política.

Se volvió a aprobar la reestructuración de la deuda adquirida por Javier Bravo, pero hay otro proyecto que también debe hacerlo, el del alcalde para su reelección.

Las consecuencias del sabotaje pudieron ser irreparables para la carrera política de Arturo Dávalos; si hubiese sido suspendido, incluso antes de la ratificación de mandato, iniciaría la decadencia de su proyecto con miras a la reelección en 2018, por ello fue tan contundente en sus declaraciones.

Existió miedo e incertidumbre debido a una posible inhabilitación del cabildo completo, un golpe durísimo para cualquier alcalde en funciones, que finalmente no se dio.

Aun así, es evidente la grieta que se abrió en la bancada naranja de regidores y con otros personajes sonando fuerte para competir, podría haber traiciones en el interior del cabildo Vallartense.

Finalmente el municipio no se endeudó más, los regidores pidieron disculpas, levantaron la mano a regañadientes y la historia tuvo final feliz… por ahora.

 

 

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