La insuficiencia hospitalaria cobra otra vida en Puerto Vallarta

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El abandono en los hospitales, sin importar si son federales o estatales, tienen a 350 mil habitantes sin garantía de atención digna y justa.

Desde principios del 2020 Puerto Vallarta y Bahía de Banderas conforman una zona metropolitana de aproximadamente 600 mil habitantes, sin embargo, las autoridades de ambos estados -y ambos municipios- no han frenado el rezago del sector salud que, ayer, cobró una vida más.

Un hombre de 45 años aproximadamente murió en el pasillo de entrada del Hospital Regional.

El sujeto sufrió 2 convulsiones durante la tarde del miércoles y fue trasladado al nosocomio antes citado, sin embargo, la versión oficial apunta a que, por falta de camas, el hombre no pudo ser atendido como era debido y perdió la vida abajo de la ambulancia.

Sin dar demasiados datos del fallecido, ni de las condiciones del hospital, esta muerte se suma a las muchas que se han acumulado en los hospitales de la ciudad y cuya memoria, al parecer, no es suficiente para que haya instalaciones dignas.

Puerto Vallarta tiene un déficit tan grande en el sector salud, que ni siquiera cuenta con un hospital de tercer nivel y las diferentes clínicas y nosocomios que operan, lo hacen con insumos insuficientes e instalaciones paupérrimas.

Este problema, que no es nuevo, aqueja a más de medio millón de habitantes, pues no solo los vallartenses hacen uso de los hospitales, sino también los bahíabanderenses, la gente de San Sebastián del Oeste, Mascota, Talpa de Allende, Cabo Corrientes e incluso Tomatlán.

Sin embargo, las autoridades federales ven a esta región como un ‘pueblo de tercera’ que no merece inyección de recursos en infraestructura hospitalaria.

Este caso es el ‘enésimo’ en una larga y oscura lista de personas que han perdido la vida por falta de atención, por saturación de espacios y, sobre todo, por indiferencia de las autoridades que no han podido con el paquete de entregar atención médica digna.

Y tampoco es un problema exclusivo de un orden de gobierno; el IMSS está saturado desde hace años, está colapsado, las instalaciones son deplorables y los directores de los hospitales no son capaces de gestionar soluciones.

Ni Andrés Manuel López Obrador, ni Enrique Peña Nieto, ni Felipe Calderón, ni Vicente Fox y los que se acumulen, tienen pesar por las vidas perdidas, pues son ‘gente de a pie’ los que perecen, son invisibles ante las cúpulas de poder.

Tampoco Enrique Alfaro Ramírez, Aristóteles Sandoval, Emilio González Márquez ni Francisco Ramírez Acuña, y anteriores, pierden el sueño por otro deceso, ellos no viven lo que los ciudadanos vivimos y, sobre todo, sufrimos.

¿Hasta cuándo dejarán las falacias y los discursos vacíos y entregarán a la gente lo que necesita? ¿Cuándo tendremos políticos que dignifiquen su labor y hagan el bien para la mayoría y no solo para unos cuantos?

La de ayer es otra vida perdida que alimenta a la ya muy poderosa e incontrolable frustración de un pueblo que pide resultados y obtiene podredumbre.

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