El reciente evento de la Mega Rosca de Reyes, de 2.5 kilómetros de longitud, volvió a dejar en evidencia un problema de fondo: el presidente municipal de Puerto Vallarta sigue sin entender cuáles son las verdaderas prioridades de la ciudad. El despliegue de recursos para un acto festivo, con música, luces y montaje en el Malecón, contrasta de forma directa con el abandono de servicios públicos básicos.
Mientras se presume una rosca kilométrica como símbolo de convivencia y celebración, la alberca municipal “La Bobadilla”, ubicada en la Unidad Deportiva Alfonso Díaz Santos, permanece fuera de operación y en condiciones deplorables. El espacio, que debería servir para el deporte y la recreación, hoy es sinónimo de descuido, con agua estancada y riesgos sanitarios para la población.
La comparación es inevitable: un evento de un solo día recibe atención, promoción y presupuesto con una infraestructura pública permanente que tiene meses en el olvido. La rosca se parte y desaparece, pero la alberca sigue ahí, deteriorándose, sin cumplir la función para la que fue creada.
El ayuntamiento apuesta por el espectáculo inmediato, mientras los espacios comunitarios permanecen en el abandono, lo que evidencia una clara desconexión con las necesidades reales de la ciudadanía y deja ver que las prioridades del presidente municipal están puestas en otro lado.