La reiterada negativa del gobierno federal sobre la presencia de autoridades o fuerzas estadounidenses en territorio nacional vuelve a colocarse en el centro del debate, no por una filtración anónima ni por versiones extraoficiales, sino por un hecho concreto y verificable: el aterrizaje de un avión militar de Estados Unidos en el Aeropuerto Internacional de Toluca sin explicaciones oficiales hasta después de horas.
El pasado domingo arribó un C-130J Super Hercules, una aeronave táctica utilizada a nivel mundial en operaciones especiales, misiones logísticas y despliegues estratégicos.
Durante horas no hubo explicación oficial. El silencio institucional, no hizo más que alimentar la desconfianza. Más tarde llegó el comunicado: el vuelo estaba autorizado, obedecía a actividades de capacitación y se realizaba bajo acuerdos de colaboración bilateral, conforme a protocolos establecidos.
Y ahí es donde el discurso oficial comienza a tambalearse. Porque mientras el gobierno insiste en que no hay injerencia extranjera, que no existe presencia estadounidense en México y que la soberanía no se negocia, la realidad muestra presencia militar, capacitación conjunta y aeronaves tácticas operando en aeropuertos nacionales.
Aquí surgen dos interpretaciones. La primera, y la más delicada, es que se le esté mintiendo al pueblo. Que se niegue la realidad para sostener un relato político basado en el nacionalismo, el control del mensaje y la herencia discursiva del sexenio anterior, donde admitir apoyo extranjero equivalía, según esa lógica, a una traición al Estado.
La segunda interpretación, con una débil creencia, es que se trate de una estrategia de seguridad. Sin embargo, incluso bajo esta última premisa, el costo es alto. La opacidad permanente erosiona la confianza ciudadana. Un gobierno que pide respaldo social para enfrentar la violencia no puede darse el lujo de comunicar a medias, reaccionar tarde o minimizar hechos evidentes.
La ciudadanía no exige secretos de Estado ni detalles tácticos. Exige coherencia. Exige que el discurso no contradiga la realidad. Exige saber si se le habla con la verdad o si se le administra la información según convenga políticamente.
El aterrizaje del avión estadounidense en Toluca no es un escándalo. El verdadero escándalo es que se le miente al pueblo. Porque cuando el gobierno niega lo que todos pueden ver, la pregunta deja de ser retórica y se vuelve urgente: ¿se miente al pueblo o se esconde una estrategia contra el crimen organizado?