La reciente visita del senador Gerardo Fernández Noroña a un municipio de Coahuila evidenció el desgaste de su capital político. Aunque el acto formaba parte de su gira adelantada, la baja asistencia contrastó con la difusión en redes sociales, donde las imágenes generaron más memes, críticas y comentarios irónicos que respaldo ciudadano.
Lejos de posicionar su mensaje, el hecho abrió un debate sobre su capacidad de convocatoria y la efectividad de su estrategia fuera del entorno digital. Para distintas personas, la visibilidad mediática del senador no se tradujo en presencia ni en apoyo tangible.
Incluso el ambiente del recibimiento reforzó esa percepción. Acompañado por una batucada y autoridades locales, el arribo del senador a la Plaza del Carmen fue narrado con entusiasmo forzado. Entre los pocos presentes el ánimo se percibía apagado y poco convencido, los gestos y la reacción del público no correspondían al tono del discurso, dando la impresión de un acto más protocolario que genuinamente popular.
El caso ilustra un fenómeno cada vez más frecuente en la política mexicana: la notoriedad en redes sociales no garantiza arrastre ciudadano y expone los retos que enfrenta Fernández Noroña para sostener su capital político en el territorio.