Hace apenas unos días, el gobernador de Nayarit, Miguel Ángel Navarro Quintero, advertía que el estado no tenía dinero. El argumento fue lo suficientemente grave como para solicitar 800 millones de pesos adelantados a la Federación, además de otros 240 millones en financiamiento, con el fin según se dijo de completar los recursos necesarios para pagar salarios a las y los trabajadores del estado. El mensaje fue claro: las finanzas estaban en aprietos.
Sin embargo, la narrativa cambió con sorprendente rapidez. Mientras se habla de crisis financiera y de la necesidad de auxilio federal, el propio gobernador insiste en continuar una obra millonaria en Tepic: el nuevo estadio de futbol rebautizado como Centro Cultural, Arte y Deporte “Nicolás Álvarez Ortega”, construido sobre el predio que antes ocupaba la Ciudad de las Artes. Una decisión que los ciudadanos consideran innecesaria y ajena a las verdaderas prioridades del estado.
El gobierno estatal presume en videos oficiales que la obra “avanza de manera constante” y que será símbolo de identidad y orgullo nayarita, con capacidad para más de 12 mil espectadores. Pero la pregunta sigue sin respuesta: ¿realmente Nayarit necesita hoy un estadio, cuando hace días no alcanzaba ni para cubrir la nómina?
Los recursos anunciados en comunicados oficiales de 2025 y 2026 muestran flujos recurrentes de apoyo federal y estatal para cubrir déficits salariales, no un préstamo extraordinario para un proyecto estratégico. Aun así, el discurso de austeridad se mantiene solo cuando conviene.
Y entonces surge la duda inevitable: si no hay dinero, ¿de dónde sale para esta obra? ¿Es una prioridad social o un capricho político? ¿Será un proyecto pensado para el bienestar colectivo o, como tantas veces ha ocurrido, terminará beneficiando a empresas cercanas, amigos del poder o compromisos heredados?
En Nayarit, la austeridad parece aplicarse de forma selectiva. Para salarios, no alcanza; para obras cuestionadas, siempre hay cómo. Y en esa contradicción, lo que se erosiona no es solo el presupuesto, sino la confianza ciudadana.