A casi dos años de haber asumido la presidencia municipal de Bahía de Banderas, Héctor Santana podría mostrar falta de estabilidad en su administración al tener en su gobierno constantes cambios que, más que fortalecer la operación interna, han generado incertidumbre entre los ciudadanos.
La más reciente sesión de Cabildo volvió a evidenciarlo. Aunque se aprobaron algunos nombramientos como el de Xavier Esparza como jefe de Gabinete, Blanca Gerardhy Lincón Zea en Contraloría y Francia Monserrat Cortés Sandoval en Turismo, otros movimientos clave quedaron en el aire. Las propuestas para designar a Joanna Barraza en Seguridad Pública y a Luis Omar Castellanos en Protección Civil fueron retiradas de último momento del orden del día, pese a que previamente se contemplaban para análisis.
El cambio repentino no solo encendió la polémica, sino que tensó aún más la relación al interior del Cabildo. La reacción fue inmediata: la síndico y al menos dos regidores más, abandonaron la sesión, acusando irregularidades, falta de respeto y un manejo poco transparente de los acuerdos.
No es un hecho aislado. Lo ocurrido recuerda episodios anteriores, como el caso de Briana Guzmán, cuyo nombramiento primero fue rechazado para luego ser aprobado en una misma dinámica de giros inesperados. Este tipo de decisiones, tomadas sobre la marcha, proyectan una administración reactiva más que estratégica.
La constante rotación de funcionarios no solo complica la continuidad de proyectos, también debilita la confianza dentro del propio gobierno. Cada cambio implica empezar de nuevo, reajustar equipos y frenar procesos que difícilmente logran consolidarse.
En ese contexto, comienzan a surgir comparaciones inevitables con Luis Munguía, presidente municipal de Puerto Vallarta, quien también ha sido señalado por la ciudadanía por los constantes movimientos en su gabinete.
A estas alturas, la pregunta ya no es si habrá más cambios, sino si estos realmente responden a una estrategia definida o simplemente a la necesidad de contener crisis internas. Porque gobernar no es solo mover piezas, sino saber hacia dónde se quiere llevar el tablero.