Punta de Mita en crisis mientras gobernador y alcalde Héctor Santana optan por el silencio

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Por más que se intente maquillar, lo que hoy ocurre en Punta de Mita no es un conflicto aislado ni un simple diferendo administrativo. Es, en esencia, el reflejo de una omisión institucional que incomoda: autoridades que, pudiendo actuar, han decidido mirar hacia otro lado.

Mientras habitantes de la zona se organizan, protestan y arriesgan su tranquilidad para frenar obras que denuncian, rebasan los límites permitidos por la Zona Federal Marítimo Terrestre (ZOFEMAT) y amenazan con la privatización de la playa Las Cocinas, el alcalde Héctor Santana y el gobernador de Nayarit han optado por el silencio.

Porque sí, es cierto que instancias federales como la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) otorgan permisos en materia ambiental. Pero también es cierto, y los ciudadanos lo saben bien, que los gobiernos municipales son quienes autorizan construcciones. Entonces, ¿de quién es la responsabilidad? ¿De todos o de nadie?

“Es muy fácil echarse la bolita”, reclaman los habitantes.

La sospecha crece cuando se recuerda una declaración del propio gobernador en marzo de 2025, donde aseguró que tanto él como el alcalde “irían a cada ventanilla para que no se detenga cualquier gestión”. Hoy, esa frase pesa. Porque parece confirmar lo que muchos temen: que la prioridad no es proteger a los ciudadanos, sino facilitar proyectos.

Y mientras tanto, la realidad golpea. En Higuera Blanca, la falta de agua sigue siendo un problema sin resolver. Paradójicamente, denuncian los pobladores, los desarrollos sí tienen garantizado el suministro. ¿Cómo se explica que haya recursos para unos y escasez para otros?

La tensión ha escalado. Reuniones incumplidas, plazos que se alargan, promesas rotas. La empresa señalada no ha presentado la documentación exigida, y aun así la obra no se detiene. Ante ello, la respuesta ciudadana ha sido clara: organización.

El llamado al cierre de accesos en puntos clave como La Cruz de Huanacaxtle y Higuera Blanca no es un capricho. Es un mensaje. Uno que resume el hartazgo de una comunidad que ya no cree en discursos.

Y en medio de todo, la pregunta sigue en el aire: ¿de qué lado están realmente quienes gobiernan?

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