La renuncia de Rodrigo Pérez a la Tesorería Municipal de Puerto Vallarta no es un hecho menor: las salidas en política rara vez son casuales y casi nunca libres de tensiones. Aunque el ahora exfuncionario expresó su agradecimiento hacia el ayuntamiento y al alcalde Luis Munguía, sus palabras delatan algo más profundo: desgaste, fricciones internas y una ruptura que no se pudo ocultar.
Pérez Hernández fue directo al desmentir la versión difundida por Comunicación Social, en la que se aseguraba que continuaría dentro de la nómina municipal bajo otra figura administrativa. Su mensaje fue claro: su ciclo en el gobierno ha terminado. No hay reacomodos, no hay continuidad, no hay gerencias que lo retengan. Solo hay salida.
“Estoy cansado de remar contracorriente”, declaró para un medio local. Una frase breve, pero cargada de significado. Remar contra la corriente refleja un ambiente lleno de resistencias, decisiones que se estancan y proyectos que no avanzan. Su salida revela, además, que las diferencias internas llegaron a un punto insostenible.
Aunque asegura mantener una relación cordial con el presidente municipal, su alejamiento marca una distancia real y simbólica. En la práctica, reconfigura el tablero interno del gobierno y expone tensiones que hasta ahora se mantenían bajo reserva.
Cuando un funcionario clave abandona el barco antes de tiempo, surgen preguntas inevitables: quién asumirá la carga pendiente, quién resistirá las dificultades y quién será el siguiente en cansarse de remar contracorriente.