Lo ocurrido el sábado 10 de enero en Tomatlán no fue un simple evento partidista mal organizado; fue una radiografía clara del desgaste político y la nula capacidad de convocatoria de Luis Munguía, una señal que pone en duda no solo su liderazgo dentro del Partido Verde Ecologista, sino incluso su viabilidad futura como figura estatal, en un contexto donde su propio hermano ocupa actualmente la presidencia estatal del partido.
La toma de protesta de la Coordinación Municipal y del Comité Ejecutivo del PVEM, realizada en el rancho El Venado de las Ánimas, pretendía venderse como un “arranque de estructura” rumbo al fortalecimiento territorial del Verde. Sin embargo, el resultado fue todo lo contrario: un evento frío y pobre, que no logró reunir ni siquiera a 300 personas.
Y eso es lo verdaderamente alarmante, pues pese a que el acto tuvo acarreo, traslado de personas desde el Ayuntamiento de Puerto Vallarta, y hasta apoyo con personas del alcalde de El Tuito, Joaquín Romero, y se convocó a militancia y simpatizantes de todo el Distrito 05 de Jalisco. Aun así, el desgaste Munguía en el verde fue notorio.
El fracaso no es solo numérico, es político y ante las pruebas evidentes, se deja un mensaje contundente: la base no responde, la militancia no se mueve y el liderazgo no existe. Munguía no solo fue incapaz de convocar a la gente del municipio anfitrión, sino que evidenció que su nombre ya no genera entusiasmo ni arrastre, ni siquiera dentro de su propio partido.
La permanencia de Luis Munguía como referente político estatal se sostiene más por vínculos y posiciones administrativas que por respaldo real. El hecho de que su hermano encabece el partido a nivel estatal no alcanza para ocultar una verdad incómoda: el capital político de Munguía se está agotando.
El evento en Tomatlán es una evidencia del desgaste; porque cuando ni con acarreados se llena un mitin, el problema ya no es la logística, es el liderazgo. Y hoy, Luis Munguía parece haber perdido ambos.