MC arranca con una paradoja: hablar de futuro mientras se gobierna con el pasado

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Movimiento Ciudadano volvió a recurrir a una de sus palabras favoritas: renovación. El problema no es el discurso, sino la escena que lo acompaña. En Puerto Vallarta, la toma de protesta de su nueva Comisión Operativa Municipal dejó claro que el cambio prometido se parece demasiado al pasado reciente: los mismos rostros, los mismos apellidos y las mismas trayectorias que ya gobernaron el municipio durante cerca de nueve años.

El relevo en la dirigencia local con Ricardo René Rodríguez Ramírez sustituyendo a Adolfo López Solorio tras más de tres años al frente del partido fue presentado como un viraje estratégico. Sin embargo, más que un giro, lo que se observó fue un reacomodo interno, una rotación de cargos dentro del mismo círculo político que ha controlado al partido en Vallarta durante la última década.

El evento fue ilustrativo no solo por quiénes estuvieron, sino por quiénes no. La ausencia de nuevos liderazgos, de perfiles ciudadanos o de figuras emergentes fue evidente. En su lugar, el acto estuvo dominado por cuadros consolidados del ecosistema naranja: exfuncionarios, dirigentes partidistas y personajes con larga historia en administraciones pasadas.

La presencia del expresidente municipal Arturo Dávalos, junto a operadores estatales y locales como Mirza Flores, Alberto Esquer y otros actores recurrentes, reforzó la sensación de continuidad. No hubo señales claras de apertura, ni mensajes contundentes hacia una militancia joven o hacia sectores sociales que reclaman representación distinta. Todo quedó en familia.

Renovarse no es cambiar de coordinador ni reorganizar comisiones; implica abrir espacios, asumir costos y romper inercias. En Puerto Vallarta, MC parece optar por la comodidad de lo conocido antes que por el riesgo de lo nuevo.

Así, la supuesta nueva etapa del partido arranca con una paradoja: hablar de futuro mientras se gobierna con el pasado.

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