El dedazo sigue vivo en Morena

5

Morena llegó al poder criticando el famoso “dedazo” de los viejos partidos. Hoy, sus propias decisiones rumbo a 2027 vuelven a poner la misma pregunta sobre la mesa: ¿realmente deciden las encuestas o los acuerdos internos?

El partido habló de encuestas para definir a sus coordinadores, pero los resultados y las designaciones han dejado más dudas que certezas.

En Nuevo León eligió a Clara Luz Flores; en Tlaxcala, a Ana Lilia Rivera; y en San Luis Potosí, a Elí César Cervantes.

Y Nayarit es quizá uno de los casos que más alimentan la discusión. Jasmín Bugarín terminó siendo designada como coordinadora, aunque durante el proceso también se difundieron mediciones que colocaban a otros perfiles al frente. Una medición publicada en septiembre ubicaba a Bugarín en primer lugar, mientras otras mediciones favorecían a Geraldine Ponce y colocaban a Héctor Santana entre los punteros.

Ahí está el problema: si las encuestas son el mecanismo para conocer las preferencias, ¿por qué los resultados no son transparentes y verificables para la militancia?

Morena puede llamarlo consenso, designación o coordinación. Pero si las bases participan en encuestas y al final no conocen con claridad qué resultados determinaron la decisión, la vieja práctica parece haber cambiado de nombre, no necesariamente de fondo.

Las encuestas terminan siendo la cortina de humo perfecta: se habla de participación, se presentan mediciones y, al final, la decisión queda en manos de quienes tienen la última palabra. Porque cuando la decisión se toma en la cúpula y la militancia simplemente recibe el resultado, el “dedazo” sigue vivo, aunque ahora tenga otro nombre.

Compartir.