Jasmín Bugarín: cuando la estrategia termina imponiéndose a las encuestas

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El 2 de febrero de 2025 publicamos en este espacio una pregunta que, en aquel momento, podía parecer prematura: ¿Jasmín Bugarín, la próxima gobernadora de Nayarit en 2027?
Han pasado casi 20 meses y aquella pregunta dejó de ser solamente una hipótesis.

Este lunes 28 de septiembre, Jasmín Bugarín fue designada como Coordinadora de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Nayarit, una denominación que, en el lenguaje político de Morena, prácticamente la coloca como la carta de la coalición gobernante para buscar la gubernatura en 2027.

Lo interesante no es únicamente el nombramiento. Lo verdaderamente interesante es cómo llegó hasta ahí.

Porque si algo dejó claro el proceso interno de Morena es que la política no siempre funciona como una carrera en la que gana quien aparece primero en las encuestas. Y Nayarit es quizá uno de los ejemplos más claros.

Durante los últimos meses, buena parte de la conversación política estatal parecía reducida a dos bloques: por un lado, Héctor Santana, quien llegó a ser identificado como uno de los perfiles con mayor fuerza y que contó durante buena parte del proceso con el respaldo del gobernador Miguel Ángel Navarro; por el otro, el grupo político relacionado con Geraldine Ponce y los Galván, quienes se jactaban de ser cercanos a Sheinbaum.

Bugarín parecía estar en otra pista.
Pero esa pista tenía algo que quizá no todos estaban mirando: la construcción de una relación política nacional que comenzó mucho antes de que iniciara formalmente la carrera por 2027.

En 2023, durante el proceso interno de Morena para elegir a quien competiría por la Presidencia de México, Bugarín decidió respaldar a Claudia Sheinbaum. También lo hizo Geraldine Ponce. Otros actores políticos nayaritas tomaron decisiones distintas y apostaron por otros proyectos.

Aquello podía parecer, en ese momento, una decisión más dentro de una larga lista de movimientos políticos. Hoy adquiere otra dimensión.

Porque la política también consiste en saber leer los tiempos. Y Bugarín ha demostrado que sabe hacerlo.

Desde que dejó el PRI y posteriormente consolidó al Partido Verde como una fuerza política con mayor presencia en Nayarit, su trayectoria ha estado marcada por una constante: construir antes de necesitar. Sumar actores, establecer alianzas y mantener abiertas las puertas en distintos espacios.

Eso ayuda a entender por qué su designación sorprendió a quienes observaban el proceso únicamente desde la lógica de las encuestas.

¿Entonces qué pasó con Héctor Santana?

La respuesta más sencilla sería hablar de paridad de género. Y sí, la paridad forma parte de la ecuación. Pero reducir todo a eso sería quedarse en la superficie. Lo ocurrido en Nayarit también habla de estrategia política.

Santana pudo haber tenido números, estructura y reconocimiento dentro del estado. Pero Bugarín tenía algo distinto: una relación política construida con el grupo que hoy encabeza el proyecto nacional de Morena.
Y eso importa.

No es la primera vez que sucede.

Este lunes hubo tres decisiones que llamaron particularmente la atención: Tlaxcala, Nayarit y Chihuahua. Tres procesos distintos, pero con una característica en común: las definiciones no necesariamente siguieron el camino que durante meses parecía más evidente.

En Tlaxcala, la designación de Ana Lilia Rivera también rompió con las expectativas de quienes observaban el proceso desde la lógica de los punteros locales. Además, su cercanía política con Claudia Sheinbaum no es nueva: desde 2023 acompañó a quien entonces buscaba convertirse en candidata presidencial de Morena.

En Chihuahua ocurrió algo similar, aunque con una historia todavía más interesante. Andrea Chávez llevaba años construyendo posicionamiento en el estado y era considerada una de las figuras con mayores posibilidades. Su cercanía con Adán Augusto López también era conocida. Sin embargo, la definición terminó favoreciendo a Cruz Pérez Cuéllar.

Ambos habían acompañado a Sheinbaum durante el proceso interno de 2023, pero las diferencias en la construcción de sus proyectos políticos eran evidentes.

Y aquí aparece una lección que quizá algunos están descubriendo demasiado tarde: el marketing político puede generar percepción, pero no sustituye a la estrategia política.

Se puede tener una enorme presencia en redes sociales, espectaculares, eventos, encuestas favorables y una estructura territorial. Todo eso ayuda. Pero en una decisión política de esta magnitud también pesan las alianzas, la confianza, la disciplina y, sobre todo, la capacidad de construir una relación de largo plazo con quienes toman las decisiones.

Por eso la designación de Jasmín Bugarín no debería analizarse únicamente como una sorpresa. En realidad, quizá la sorpresa sea que muchos no hayan visto venir algo que ella llevaba tiempo construyendo.

En febrero de 2025 escribimos que Bugarín podía convertirse en una contendiente seria para 2027. Entonces faltaba demasiado por definir y había demasiados nombres sobre la mesa.
Hoy, uno de esos nombres ya tiene la candidatura prácticamente en sus manos.

La carrera, por supuesto, todavía no termina. Falta la elección, falta conocer a sus adversarios y falta saber cómo evolucionará la política de Nayarit durante los próximos meses.

Pero hay algo que sí cambió este lunes: Jasmín Bugarín dejó de ser una posibilidad para convertirse en el proyecto político de la 4T en Nayarit.

Y quizá esa sea la verdadera lección de este proceso: en política, ganar una encuesta puede darte ventaja; ganar la confianza y construir alianzas puede llevarte hasta la candidatura.

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