El lento actuar del presidente y la caída de su capital político

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Fue el pueblo el que tomó el toro por los cuernos y no el alcalde quienes terminaron con los operativos estatales.

Vaya casualidad. Resulta que durante la tarde en la que los ciudadanos vallartenses, cansados de ser objeto de revanchas políticas y de no tener un representante con los suficientes pantalones para defenderlos, salieron a la calle a manifestarse, el alcalde anunció que los operativos terminarían por acuerdos con el estado.

Ocurrió este martes y no es una casualidad, es una causalidad; fueron los ciudadanos quienes detuvieron los operativos y no el presidente municipal.

Desde el jueves iniciaron los reportes en grupos de redes sociales por la gran cantidad de patrullas y motocicletas de movilidad que llegaron al Puerto. La zozobra creció y no había comunicación oficial de ningún tipo.

El viernes, desde temprano, se instalaron los primeros retenes y la orden era clara: que caiga todo el peso de la ley sobre los vallartenses y hacerlo con las peores formas.

Pero algo llamó la atención, ese viernes, además de las elementos de tránsito del estado y el cuerpo de la fuerza única, también había oficiales de tránsito municipal, es decir, apoyaron los operativos.

Para el sábado ya no se vio la presencia de los elementos municipales, pero era obvio que sabían el propósito y la forma prepotente y grosera con la que actuaban los enviados de Alfaro.

El domingo, tercer día de operativos en toda la ciudad, el presidente municipal, que sabía del problema, prefirió ver el futbol de playa y tomarse la foto con los riders del Don Puerto Vallarta, mientras sus ciudadanos lidiaban con los oficiales.

Este lunes, quizá el día más complejo y que detonó en la organización de los ciudadanos, el alcalde no asomó la cabeza. Decenas de personas preguntaban por qué no hacía nada y nadie podía responder; simplemente no había presidente en Puerto Vallarta.

La cita fue a temprana hora, los ciudadanos comenzaron a arribar con cartulinas y se desplegaron hacia los puntos de los operativos.

La escena fue ‘de película’, llegaron los manifestantes y el operativo terminó. En cuestión de 45 segundos huyeron del sitio las elementos de tránsito, la fuerza única y hasta las grúas. El problema se había solucionado.

Pero, ni tardo ni perezoso, el alcalde asomó la cabeza y a través de redes sociales, porque hasta ahora no ha dado la cara públicamente, anunció que ‘luego de una reunión, le daba gusto anunciar que los operativos se habían suspendido’.

De inmediato su grupo de choque lo vanaglorió, le llegaron felicitaciones, aplausos y lo encumbraron como el líder que Puerto Vallarta requiere, pero estos comentarios poco a poco iban siendo contrarrestados por aquellos que señalaban que el daño ya estaba hecho y que su actuar fue tardío.

Tuvieron que pasar 5 largos días para que el alcalde, que prestó elementos de tránsito desde el día 1 de los operativos, lograra ‘detenerlos’, sin embargo, la realidad es que fueron los ciudadanos los que, con sus manifestaciones, echaron para atrás estos actos de revancha política.

Fue la gente, no el alcalde. Fue la presión ciudadana, no las ganas de Dávalos. Fue el vallartense cansado de ser pisoteado el que paró en seco a Alfaro, no fue Arturo, que pudo actuar antes y decidió esconderse. Fueron ellos, no él.

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