Una niña de 3 años podría quedar en estado vegetativo; su padre la envenenó

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Los médicos dijeron que el pronóstico de Alexa no es nada alentador: si despierta, puede perder el habla, la vista o quedar en estado vegetativo

Hace tres años, Rosa Corona Hernández decidió separarse de su esposo, Alberto L. M. por el temor de que un día asesinara a Alexa, su hija menor de tres años de edad. El sujeto la llamaba bastarda porque decía que él no era el padre y cuando apenas tenía ocho meses de nacida, la azotó en la cama en dos ocasiones.

Hace unos meses, se comunicó con Rosa para amenazarla por no querer regresar con él: “vas a llorar lágrimas de sangre”, le dijo y parece que lo cumplió. Alexa fue envenenada con un yogur y hoy se debate entre la vida y la muerte.

Rosa, de 34 años de edad, procreó seis hijos con Alberto. En entrevista, Rosa relató que durante años aguantó violencia física y sexual.

Rosa cuenta que cuando su hija tenía ocho meses de edad, ellos discutieron y, en venganza, el hombre tomó a la bebé de su ropa, la alzó y luego la dejó caer a la cama en dos ocasiones: “yo pensé que un día me la iba a matar”.

Cuando Rosa lo dejó metió una demanda. Supuestamente el hombre debía darle 600 pesos cada semana para mantener a sus cuatro hijos, pero nunca lo hizo.

La mañana del 25 de agosto, Rosa estaba acostada con sus cuatro hijos: “era domingo, nos despertamos tarde”, narró. Aproximadamente a las 10:00 horas, se escuchó el silbido del señor de las tortillas, así que Aymar, la niña de 9 años, bajó a comprar.

Cuando la menor regresó, le contó a su mamá que afuera se encontró a su papá, quien le dijo que le había comprado un yogur para beber. Antes de que se fuera le dio otro: “para Alexa”, indicó.

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Aymar le preguntó a su mamá que si se lo podían tomar y ella, sin imaginar lo que ocurriría después, les dijo que sí. Alexa fue la primera que lo tomó y de inmediato comenzó a sentirse mal: le faltó la respiración, su piel cambió de color, se desvaneció y comenzó a sacar espuma por la boca.

Rosa se levantó, pidió auxilio a sus vecinos y se llevó a Alexa al Hospital Comunitario de Tetela. Atrás de ella llegó su vecino y después entró la de nueve. Las dos tomaron yogur y también se comenzaron a sentir mal.

Los médicos informaron que presentaba un cuadro de envenenamiento o intoxicación y por su estado de salud fueron trasladadas al Hospital General de Zacatlán. Al llegar, Alexa cayó en paro respiratorio tres veces; después de algunos estudios, le dijeron que su riñón estaba destrozado.

Sus hijas mayores le informaron que sus dos perritas habían muerto. Al parecer, lamieron los recipientes de yogur que quedaron tirados en la casa cuando todos salieron corriendo.

Al Hospital de Zacatlán llegaron agentes del Ministerio Público, quienes se entrevistaron con Rosa. Le levantaron una predenuncia y le dijeron que en cuanto sus hijas se recuperaran, regresara a Tetela a denunciar a su esposo ante la sospecha de que él envenenó a sus hijas.

Según le explicaron en el hospital, no le pueden proporcionar los medicamentos porque Alexa no está registrada. Rosa no tiene su acta de nacimiento porque Alberto nunca quiso registrarla y ella, por falta de dinero, tampoco pudo hacerlo.

Los médicos le dijeron que el pronóstico de Alexa no es nada alentador: si despierta, puede perder el habla, la vista o quedar en estado vegetativo.

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