La comunidad mexicana que entrena a sus niños para enfrentar a narcos

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Escondido en las montañas de Guerrero, Chilapa se prepara ‘a su modo’ para enfrentar a los delincuentes, pues el gobierno los ha abandonado a su suerte.

“¡Posición 3!”, grita firme Bernardino Sánchez, integrante de la policía comunitaria que custodia 16 pueblos de esta zona de Guerrero: la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias de Pueblos Fundadores CRAC-PF, creada para hacerle frente al crimen organizado y con unos 600 integrantes que denuncian la indiferencia del Estado.

La fila de niños, ataviados con cubre bocas y un roído calzado artesanal, se convierte al instante en una imaginaria línea de frente de combate cuando se tiran con completa seriedad pecho tierra encañonando con mirada fija al vacío, ante la curiosidad de otros pequeños que alternan el español con náhuatl.

Una serie de sucesos violentos han ocurrido por la fuerte presencia de narcotraficantes en esta zona de Chilapa, Guerrero. El 17 de enero, nueve hombres y un menor -músicos y sus ayudantes- fueron secuestrados, torturados y sus cuerpos encontrados semicalcinados adentro de sus dos camionetas: una calcinada en medio de la carretera Mexcalzingo-Tlayelpa y la otra arrojada al fondo de una barranca, en el mismo punto.

Las autoridades mexicanas señalaron al cartel de Los Ardillos como responsable, pero para este colectivo eso no fue suficiente y en respuesta cerraron las entradas a varios pueblos, como el de Ayahualtempa, donde ocurre el entrenamiento infantil.

La demostración de la preparación de sus futuros cuadros de esta autodefensa, algunos de solo cinco años y que entrenan con pistolas de juguete o ramas, es parte de la respuesta de una sociedad hastiada con la violencia de los narcos.

En total, una treintena de niños son entrenados para formar parte de esa fuerza comunitaria que, según sus líderes, resguarda a unas 6.000 personas.

Los menores de 13 años no participan aún en patrullajes de la policía de la CRAC-PF pero están preparados para usar sus armas ante alguna irrupción de Los Ardillos, como la de mayo de 2015 cuando secuestraron a unas 30 personas -de las que no se volvió saber- en la cabecera municipal de Chilapa. Desde entonces, los enfrentamientos entre guardias comunitarios y narcotraficantes no han cesado, provocando incluso desplazamientos. Reportaje especial de El Tiempo

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