Veintidós millones de pesos. Esa es la cifra que hoy pesa sobre el proyecto de kioscos digitales, una iniciativa que prometía modernizar trámites y acercar servicios a la ciudadanía, pero que terminó convertida en un ejemplo más de opacidad y desorden administrativo.
De los ocho kioscos adquiridos, solo tres han podido ser localizados: uno en la Presidencia Municipal, otro en la UMA y uno más en Marina Vallarta. Lo más grave no es únicamente que cinco estén “perdidos”, sino que los tres visibles ni siquiera funcionan. Es decir, el proyecto no cumple su objetivo y, al mismo tiempo, no se sabe dónde está gran parte de la inversión.
No existe un mapa público, un inventario claro ni información oficial que permita ubicar los módulos restantes. Nadie explica dónde están, quién los resguarda o en qué momento dejaron de ser visibles. Mientras tanto, cada kiosco con un costo aproximado de 2.3 millones de pesos representa dinero público inmovilizado, sin servicio y sin beneficio para la ciudadanía.
Hoy, mientras cinco de ellos sigan sin localizarse, esos 22 millones de pesos seguirán perdidos en el limbo, o si realmente están instalados, que se brinde el conocimiento de la ubicación de los kioscos perdidos.