Munguía parece tener claro aquello de “al pueblo, pan y circo”. Anoche lo volvió a demostrar: pese a un elenco musical que dejó mucho que desear, miles de personas acudieron a la celebración organizada por el Ayuntamiento.
La postal resulta contrastante. Mientras miles disfrutaban de la fiesta, en distintos puntos de Puerto Vallarta persisten problemas que forman parte de la vida cotidiana: fallas en el suministro de agua, deficiencias en la recolección de basura y calles que requieren atención.
Dos años de gobierno después, la celebración sirve también como recordatorio de una realidad incómoda: un espectáculo puede reunir multitudes por una noche, pero no resuelve los problemas que los ciudadanos enfrentan el resto del año.
Munguía sabe que el “Pan y circo” funciona. Quizá por eso la imagen de la noche resulta tan reveladora: miles de personas disfrutando de una fiesta mientras, detrás de la música, siguen pendientes algunos de los problemas más básicos de la ciudad.
Ante los festejos, el alcalde puede presumir la convocatoria. Y seguramente lo hará. Pero la pregunta importante no es cuánta gente acudió anoche, sino qué queda cuando se apagan las luces, termina la música y comienza nuevamente la vida cotidiana.
Y quizá ahí está la clave de la estrategia: cuando no hay mucho que presumir en la gestión, siempre queda la fiesta.